Al abordar un crimen, la única solución del investigador es hacer que las pistas hablen. No existe el crimen perfecto. Agresión, secuestro, asesinato... el culpable siempre deja huellas a sus espaldas.
El viernes 26 de marzo de 2004, en la región de Dijon, Laurent Bary regresó a casa de su trabajo para descubrir el cuerpo sin vida de su esposa, Valerie, bañándose en un charco de sangre.
T2E8 54 min