Al abordar un crimen, la única solución del investigador es hacer que las pistas hablen. No existe el crimen perfecto. Agresión, secuestro, asesinato... el culpable siempre deja huellas a sus espaldas.
El 19 de marzo de 1998, Akira Ojima, un arquitecto japonés de 57 años, aparece muerto en la nevera de una villa de Nanterre.
T4E4 53 min