Es la historia de un abogado y una periodista, quienes asfixiados por sus respectivos matrimonios, se unirán para encontrar la felicidad y promover un futuro de justicia y esperanza en contra de la corrupción.
Contreras en la fachada de la fiscalía ve salir a Celeste, Juan Antonio y al fiscal ilesos. Juan explica que a metros de la fiscalía el logró apoderarse de las llaves del vehículo y detenerlo. Su madre y el fiscal bajaron para intentar persuadirlo de devolver las llaves y justo en ese momento se dio la explosión. Para todos ha quedado claro que los originales que serían consignados fueron destruidos. Cira le explica a Abel y Zulaima que mañana mismo ellos podrán comenzar a ver al pequeño Pedro Abel. La periodista sospecha que Montoya emplea al niño como una excusa para permanecer muy cerca de Abel. Al llegar a casa de Cedeño, Pedro, Clara y Aída se encuentran con el capitán y Juana amordazados y los hijos de éste junto a Alvarito encerrados en el baño. Por lo que se deduce de las palabras de Cedeño, la pruebas que guardaba Berroterán en la casa fueron robadas. El gobernador habla por la televisión para dar calma al país tras el atentado. Juan le suplica a su madre que guarde silencio para no perjudicar a su padre. Lilita aparece en el apartamento de Aída para explicarle que ella posee las copias. Ellas las dejó por equivocación en su apartamento. Por su parte, Juliana le confiesa a Salvatore su amor por Juan Antonio. Este último viene llegando y escucha todo. Juan Antonio Contreras y Juliana Pacheco se reconcilian; de allí se marchan al apartamento que compartían para hacerse el amor. Entretanto, Celeste no se contiene y denuncia ante los medios a su esposo como corrupto. Asume públicamente que recaudó las pruebas y se las dio a Ferrer para que las entregara a la fiscalía.
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